Estos días pasados han sido ricos en acontecimientos de signo político. La dimisión del ministro Bono y el nombramiento de tres nuevos ministros en las carteras de Interior, Defensa y Educación, han sido cuestiones que han merecido distintas miradas y valoraciones, aunque la mayoría de ellas se han mostrado comprensivas e ilusionadas por la decisión del Presidente del Gobierno. Evidentemente no ha sido el caso -no cabía esperar otra cosa dado su actual estado de ánimos- del principal partido de la oposición.
Se me ocurrió escribir estas líneas durante el transcurso de una cena celebrada con motivo de la boda de un hijo de unos amigos. En la mesa que me correspondió estuve muy bien acompañado por otros amigos, buena gente, gente de buena voluntad y todos ellos definidos por un mismo pensamiento :el conservador. Podría decir que mis compañeros de mesa, gente templada y respetuosa en sus opiniones, estarían entre el gran número de ciudadanos que dan su confianza al Partido Popular en las sucesivas consultas electorales.
Parece que era inevitable que alguien sacara a colación los sucesos políticos reseñados al principio y alguien lo hizo, por lo que me preparé para poner en orden mis argumentos. Pero me sorprendí al escuchar juicios que a mi entender contenían una buena dosis de radicalidad : ¡Ya os habéis cargado a Bono! "Bono ha dicho en círculos próximos que el PSOE pagará lo que le ha hecho" ¡Pues os lo cambiamos por Ruiz Gallardón! ¡Pues Pérez Rubalcaba está manchado desde la jornada de reflexión de las pasadas elecciones!¡Y además era portavoz del Gobierno de los GAL! ¡Ahora España se llama Ex-paña!.
Si, me parecían excesivos esos juicios, porque hasta donde yo se, el ministro Bono ha explicado públicamente y con claridad las causas de su dimisión y no justifican, bajo ningún concepto, ese tipo de manifestaciones. Y siempre he pensado que Ruiz Gallardón era el mejor candidato de la derecha para ganar unas elecciones generales. Y siempre he considerado, a Pérez Rubalcaba, además de un excelente parlamentario, un hombre para la negociación y el consenso, por lo que resulta adecuado su nombramiento como Ministro del Interior para la etapa que se avecina. Etapa que, por otra parte, requiere de la mayor colaboración de todos y también, de la mayor prudencia, por lo que no parece la mejor manera de hacer las cosas la emisión de juicios como los descritos.
Bueno, pues dada la radicalidad, a mi entender, de esas opiniones, intuí que podían estar "contaminadas" . "Contaminadas" por lo que emana de la cúpula del Partido interesado en ello y por lo que se predica desde alguno de los medios que le son afines, con mención especial a la emisora de radio de los obispos, aquella que, en palabras de un sacerdote dominico, mantiene en alguno de sus programas un clima antievangélico y fratricida. Así que como uno, desde su militancia política de hace unos treinta años, también está expuesto a ese tipo de "contaminación", me prometí hacer el mayor de los esfuerzos para resistirme a ella aunque viniera de mi propio partido.
Y en esas estaba cuando la música que amenizaba el baile cambió de tono adquiriendo otro que resultaba muy agradable y divertido y también familiar. La novia, que estaba guapa a rabiar y es de origen rumano, irrumpió en la pista de baile con sus amistades, también rumanas, con música y danza de su país" y con las que nos identificamos todos a través de nuestras palmas y cánticos. Me sentí "contaminado" por aquella alegría hermana y recordé la letra de la canción : " Contamíname, pero no con el humo que asfixia el aire, no con la rabia y los malos sueños ....."
Pero es solamente una canción.
Nosotros somos quienes debemos hacer las cosas posibles y fáciles. Con prudencia. Aceptando plenamente las reglas del juego.
Paco LLopis