UN BALANCE DE 2005: EL AÑO EN QUE CREVILLENT PERDIÓ EL MIEDO A LA VERDAD (Y A LA DERECHA)
El año que ahora concluye ha sido, sin duda, de una gran importancia para Crevillent. A causa del problema de la inseguridad en nuestras calles, nuestro pueblo ha ocupado -por desgracia- los titulares de todos los medios de comunicación nacionales. Pero al mismo tiempo, y esto me parece lo más significativo, nuestros conciudadanos, en un clamor imparable, han dicho basta a una situación que no podía tolerarse ni por un momento más, y han comenzado a exigir responsabilidades a quienes desde hace ya dos lustros les gobiernan.
Porque si en materia de seguridad ciudadana la situación -en efecto- es muy preocupante, lo es aún más la evidente incapacidad de la derecha para solucionarla. No en vano, el gobierno del P.P. y su alcalde son los primeros responsables de que las cosas hayan llegado al punto en que se encuentran. Pero más aún, cuando los crevillentinos les han exigido soluciones, el gobierno de la derecha no ha dudado en eludir responsabilidades y en intentar desviarlas hacia otras instancias, máxime si no se hallaban ocupadas por gentes de su propio partido. Sin embargo, esta es una estrategia de corto alcance, porque la realidad es tozuda y los hechos contundentes: en diez años de gobierno podían haberse hecho muchas cosas, y sin embargo la derecha y su alcalde César Augusto Asencio han mostrado un desinterés y una indolencia absolutas en la materia que debiera haber constituido la primera, principal y más elemental de sus preocupaciones.
Los sucesos recientes están demostrando sin lugar a dudas este hecho. Si unas pocas medidas -tomadas con la eficaz colaboración de la subdelegación del gobierno-, aunque no hayan solucionado la cuestión de fondo, han contribuido a apaciguarla en gran medida ¿Por qué no se tomaron antes? ¿Por qué el alcalde ha insistido en decir que no tenía atribuciones cuando se ha visto que en efecto sí las tenía y muchas? ¿Por qué rechaza toda propuesta de ayuda? Estas y otras preguntas tienen sumidos a los crevillentinos en una profunda perplejidad. Porque en lugar de reconocer errores y de efectuar un acto de humildad tan básico como necesario, el gobierno de la derecha ha adoptado una estrategia de simple huida hacia delante, eludiendo las responsabilidades que le tocan. En lugar de atender a las propuestas de apoyo y ayuda, constructivas, razonables y sensatas que desinteresadamente le llegan de la oposición y de los socialistas, la derecha y su alcalde han contestado como hasta ahora han hecho siempre: con el desprecio, cuando no con la descalificación personal o, llegado el caso, el insulto. En lugar de buscar la unión, el gobierno de la derecha ha buscado constante y deliberadamente la división de los ciudadanos. No nos preocupan esos insultos, sino que -entre tanto- los problemas reales permanecen sin abordarse y, por tanto, agravándose... porque el P.P. muestra una radical incapacidad para comprender la realidad profunda que le rodea, sólo sabe gobernar en beneficio de los intereses de su partido, y ha limitado lo que verdaderamente debe ser el gobierno de un pueblo a la simple gestión administrativa de un ayuntamiento y a la creación de redes de clientela política, en la que los ciudadanos permanezcan silenciados y reducidos al estado de meros votantes.
Durante todos estos años, en efecto, la derecha y su alcalde han gobernado con el viento en popa. Durante todos estos años, en efecto, les ha resultado sencillo, con una buena situación económica y unas instituciones -particularmente la Diputación- que convirtieron a Crevillent en objetivo prioritario de sus inversiones con tal de apuntalar el giro de los votantes hacia la derecha. La estrategia dio resultado: el P.P. dispone en el ayuntamiento de la más amplia mayoría que nunca haya conseguido nadie en un periodo democrático. Y sin embargo, hoy la mayor parte de los ciudadanos saben que Crevillent se encuentra con un gobierno carente de iniciativa y de proyecto, y con un alcalde ausente, consumidas sus energías, desde hace largos meses, en las estériles -para el común de los ciudadanos- disputas internas de su partido. No tenemos por costumbre entrar a juzgar en casa ajena. Pero lo hacemos porque esa división interna del P.P., y la apuesta personal que el alcalde ha adoptado, nos implica y está repercutiendo gravemente en todos los crevillentinos. En ese camino, el alcalde forzó la legalidad en las obras del auditorio, como le reprocharon los propios técnicos municipales, e intentó forzar a las instituciones, y hasta a las fiestas de nuestro pueblo, con el único intento de ponerlas al servicio de su medro personal dentro de su partido. En ese camino, el alcalde ha caído en desgracia y ha quedado aislado dentro de los cuadros provinciales de su partido, perdiendo gran parte de su antigua fuerza en la Diputación , precisamente la institución que ha sido su principal apoyo en estos años.
Así pues, ha bastado que girasen los vientos, esos mismos a los que, pese a nuestras llamadas de advertencia, el P.P. -borracho de éxito- no prestó atención, para evidenciar la verdadera naturaleza del gobierno de la derecha. El año que termina, por tanto, ha puesto negro sobre blanco que una cosa es gestionar con criterios puramente administrativistas una institución o un presupuesto público, y otra bien distinta gobernar con verdadero sentido y proyecto de hacer comunidad y de hacer pueblo.
Nuestro pueblo se encuentra sufriendo el mayor proceso de transformación de su historia. Este proceso comporta problemas, pero también oportunidades y ventajas. Y para hacerle frente, sinceramente, creemos que ya no vale la simple política de contentar al pueblo con pan y circo, con inauguraciones y banquetes; y ni mucho menos sirve la política de esconder la cabeza o mirar hacia otro lado. Evidentemente, en este proceso de cambio acelerado se plantean problemas e inconvenientes. El del aumento de la delincuencia es quizá el más llamativo, pero no el único. Pues si bien lo miramos, estamos asistiendo a nuestra pérdida de identidad como pueblo, del sentido de verdadera comunidad. Estamos viendo desaparecer buena parte de nuestras industrias tradicionales, como el textil; pese a las ensoñaciones urbanísticas de la derecha, lo cierto y verdad es que hemos dejado de ser un pueblo para convertirnos, no en una ciudad, sino en una mera zona urbana, un simple apéndice, una ciudad dormitorio en el Baix Vinalopó, con todos los inconvenientes de las ciudades pero sin ninguna de sus ventajas. Nuestro entorno urbano, que podría haber resultado una fuente de recursos económicos, se encuentra sometido a una acelerada destrucción patrimonial, y se nos hace agresivo y en buena medida hostil. Y los sucesos recientes han venido a deteriorar gravemente la imagen nacional y hasta internacional de Crevillent, en una factura que tardaremos muchos años en pagar. Dudo mucho de que a los crevillentinos de hoy les guste su pueblo más de lo que les pudiera gustar hace diez años. Diez años de ciertas realizaciones, pero también de grandes oportunidades perdidas y de proyectos erróneos de imposible enmienda.
En este proceso de rápido cambio en el que nos vemos inmersos, cada minuto perdido resulta irrecuperable, y los gobiernos municipales tienen que saber trabajar con amplitud de miras y con larga anticipación. No veo por parte alguna, y conmigo gran parte de los crevillentinos, que la derecha pueda estar capacitada para afrontar estos desafíos: comenzando a estar ya caducos sus tiempos, se siente cada vez con mayor fuerza la necesidad de un cambio. Cambio tanto más necesario cuanto que la vida democrática y civil de nuestro pueblo ha sufrido un gravísimo deterioro y desarticulación con los gobiernos de la derecha. La prohibición de que las cámaras de televisión grabasen el último pleno sobre la seguridad ciudadana, o esa infame gaceta municipal que pagamos todos pero que, teniendo prohibida la oposición el acceso a ella, no es más que un exponente delirante e insultante del autobombo de la derecha, apenas son unas gotas de agua en un vaso más que colmado.
En este contexto, los socialistas queremos transmitir a nuestros conciudadanos un mensaje de optimismo. Sabemos que, pese a la crisis de los populares, Crevillent cuenta con magníficas oportunidades de futuro. Por nuestra parte, somos plenamente conscientes de que aún hemos de trabajar mucho para recuperar la confianza mayoritaria de los crevillentinos. Pero estamos dispuestos a ello. Con ilusión y deseos de servir a nuestro pueblo; sabedores de que es imprescindible escuchar a los ciudadanos y hacer de sus preocupaciones la guía de todo nuestro trabajo; con nuestra preparación y experiencia de gobierno; con el pleno apoyo de nuestro partido; con las puertas abiertas a todos cuantos quieran incorporarse a un proyecto nuevo, de cambio, de avance y progreso, en el que los ciudadanos vuelvan a asumir el protagonismo que les corresponde en una sociedad verdaderamente democrática.
Por todo eso, deseamos que el año 2006 que vamos a comenzar sea, por fin, el año en el que un soplo de aire nuevo, un viento fresco de libertad y de renovación, ponga fin a la grisácea realidad en la que la derecha nos ha sumido, y comience a correr por nuestras calles y a entrar en nuestras casas. Más que nunca, los socialistas estaremos a vuestro servicio; más que nunca necesitamos contar con vuestra colaboración e implicación.
Feliz Navidad y Año Nuevo 2006.
(Texto de la intervención del Secretario General en Tele-Crevillent como mensaje de fin de año)